15.9.09

Taxistas

(Día 249)
La Paz.- Siempre hay prejuicios con todo. Queramos o no, existen, aunque algunos, queriendo parecer políticamente correctos, lo nieguen hasta siendo torturados.
Uno de ellos, por ejemplo, que todos los taxistas de Barcelona ponen en su radio la frecuencia de la COPE. Eso, es un prejuicio, porque los habrá que la escuchen, ciertamente, otros que prefieran la objetividad en sus radios, u otros que odien la radio y pongan el casette que le regaló su hija con los clásicos de El Canto del Loco, para que se vaya acostumbrado para el próximo concierto al que se tenga que ir.
Pero lo que no es un prejuicio que los taxistas de La Paz no saben conducir. De mi casa a la oficina hay, andando lentamente, cinco minutos, y en ese trayecto casi me atropellan dos taxis diferentes. Y eso que, pese a que me he acostumbrado a cruzar por donde quiera y sin fijarme en nada, esta vez miré atentamente los escasos semáforos para pasar en el momento oportuno.
Pero eso, por su parte, me permite descargar toda la adrenalina que llevo dentro. Así que hoy les he insultado sin parar, diciéndoles de todo. Uno hace el amago de salir del auto; le miro con cara de asesina de 'indio de mierda, no puedes conducir algo que viene de un país desarrollado' y sigo con mi camino.
Un día van a salir de verdad, y será uno de los mejores días, ya que podré descargar toda la rabia hacia los taxistas que llevo acumulando desde que llegué.

Aunque después están majezas como Samuel, que tan pronto te levanta el pulgar en señal de aprobación, te abraza en el momento que estás a punto de llorar, pone su mejor cara de perro o se convierte en tu confesor.

Drive my car - The Beatles

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