16.9.09

23

(Día 250)
La Paz.- El día 250 de mi exilio empieza, realmente, el 249 a las 22.23 de la noche.
Cena de picoteo francés. Suena El Chaval de la peca, José Luis Rodríguez "El Puma", Los Auténticos Decadentes, Calamaro y Sabina. Vuelvo a casa en taxi tras sacar por la boca el alcohol que bebí. Pongo la llave en la cerradura, todavía mareado y con unos inventos bacterianos bajo el brazo. No recuerdo cuando me duermo.
Me despierto descolocado, más pronto de lo habitual. Siento la luz del sol del amanecer que se filtra por mis cortinas mal cerradas. Abro el correo electrónico, y tengo mensajes desde las tres de la mañana. En el primero aparecen todos. En el segundo ella, haciendo un ridículo adorable intentando cantar una letra aprendida en los últimos días en un fondo festivo. Caen algunas lágrimas por las mejillas. Hay otro archivo, que leo sin gafas y con los ojos todavía empañados y llenos de legañas. Caen algunas lágrimas por las mejillas.
Me dejo el celular en casa, el peor día para hacerlo. Llego a la oficina y me llueven bendiciones, besos y abrazos. No hago nada del otro mundo. Tomo un almuerzo de 0-0 con buena imagen ante un rival pésimo que no dejó jugar. Miro fotos de mineros, inspiro, expiro fuerte contra unas pocas velas, lleno mi nariz de crema, beso con sabor a café. Cena para tres con atraco, algo de mí se convierte en leyenda. Miento. Ando por la calle dos cuadras hacia arriba, giro a la izquierda, giro a la derecha. Entro a casa, y me duermo profundamente y empieza un sueño indudablemente más maduro y delgado, intentando que pase rápido el día pero que, a su vez, quede en el recuerdo para siempre.
Maldito tiempo. Malditos 23.

Birthday preparation - Yann Tiersen

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