4.9.09

Evangelio

(Día 238)
La Paz.- Media hora después de entrar a la oficina, en un día que no hay nada de nada, sorprende una conversación en la oficina.
Justo tras entrar por la puerta blanca, a mano izquierda el bote de alcohol en gel para desinfectarse las manos por la gripe A, miras más allá, también a la izquierda, y te la encuentras frente a su ordenador, la mesa llena de facturas y papeles y las tijeras que Lorena utiliza para cortarme el pelo en momentos de aburrimiento extremo. Si te fijas bien, en este preciso instante (deben ser las 9.32, aproximadamente) está sentada en su silla con ruedas negra, mirando a una mujer bajita, de voz estridente y casi ininteligible por la falta de vocalización, o quizás por una timidez exagerada. Disimulas, y vas al cuarto del almuerzo (no se le puede llamar cocina, ya que tras alguna demanda todavía no tiene ni un triste microondas) y preparas tu especialidad: agua caliente con leche en polvo y cacao en polvo. Y mientras hierve el agua, escuchas con atención y disimulo como discuten acerca de las diferencias entre los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y como puedes leer cualquier pasaje de cada uno de ellos sin perderte ninguna parte de la historia de Jesús de Nazaret; que da igual si lees el sermón en la montaña de Mateo o la de Marcos, que los dos vienen a decir lo mismo, y, además, si lees los dos, verás que cada uno aporta un detalle diferente.
A parte de la conversación, que nunca hubiera pensado que escucharía, piensas que a la vez de una teológica explicación es una lección de periodismo: lee más de una historia, más de un reporte, que cada uno te dará un detalle diferente y podrás corroborar lo realmente cierto y llegar hasta el final, hasta la comprensión total.
Por la tarde, bañado en sudor en la sauna de vapor, goteando la barba que tendrías que afeitarte en breve y con el bañador pegándose a la piel, oyes otra conversación que te interesa: un abogado boliviano le cuenta a su amigo que, en una semana, se va a Barcelona a buscarse la vida, y, además, a escapar de una Bolivia que ya no le aporta nada. Y decidió ir a Barcelona a buscarse a él mismo, a encontrarse, a saber quién era, qué quería de la vida.
Justo el trayecto contrario del que hice yo para buscar La Paz, y todo lo que le cuenta entre sudor y vapor y un olor a hierbas aromáticas que ahoga.

Religion I - Kid Loco

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