1.11.09

Retornable

(Día 296)
La Paz.- Hoy terminé mi primera botella de dos litros de Coca-Cola (léase coacola) retornable. Reposa ahora su plástico duro encima de un mueble de la cocina demasiado sucio porque hace demasiados días que no limpio a fondo, mientras mi última colada intenta secarse a un ritmo veloz en las cuerdas del lavadero para dar paso a la lavadora que está centrifugando. El experimento de cambiar las botellas tradicionales a esta ha sido más que positivo: igual sabor, menor precio. Lo único que hay que hacer es ir a la casera de la esquina, devolverle la vacía y ella te da una exactamente igual, pero llena con dos litros de líquido negruzco y azúcar. Y, además, te ahorras 1,5 pesos. Que nunca está mal.
Pero hablar de
retornable me hace ver lo poco que me queda de exilio, y el cada vez más próximo retorno a casa. Realmente tengo ganas. No sé por qué motivo, pero llevo días con ganas de descansar en casa, pese a que este país me ha enamorado más de lo que nunca imaginé, más de lo que pensaba cuando llegué bajo una débil lluvia y bajé en taxi a la ciudad con dos desconocidos. Por eso, al mirar en la estantería con todos los libros de los que ya se fueron encuentro Volver a casa de Juan José Millás, lo agarro para leer.
Aunque, cuando pongo el iTunes para escuchar algo de música, lo primero que me viene a la cabeza es poner el disco entero de Dorian, El futuro no es de nadie.
Dicotomías de un retorno anunciado.

En la playa de los muertos - Francisco Nixon

31.10.09

Temprano

(Día 295)
La Paz.- Hace una semana que no duermo bien.
Llego demasiado cansado a casa después de estar incontables horas en la oficina, y cuando me tumbo en la cama, mi escritorio particular, los ojos se me cierran demasiado pronto. Y, al dormirme temprano, me despierto al día siguiente cuando el sol todavía no atraviesa los ventanales que rodean mi habitación. Y vuelve el círculo vicioso, ya que levantarse temprano significa estar más cansado, y antes, el resto del día, y ganas de irse a dormir pronto, y por tanto levantarse antes...
Necesito descansar. De todo. Creo que esta será la solución.

Muy, muy temprano - Los Fabulosos Cadillacs

30.10.09

Pesas

(Día 294)
La Paz.- Por fin empezaron los Juegos Bolivarianos en Sucre. Y sí, sigo en La Paz.
El tema es que la halterofilia adelantó su competición para este fin de semana, y hoy las primeras categorías levantaron el telón, y nunca mejor dicho.
Seguirlo desde la oficina no es lo mismo, evidentemente. Falta el movimiento por los escenarios, la tensión de ver los resultados, la lentitud del paso de las categorías y atletas. Pero tengo que confesar que, cuando puse por Internet Radio Sucre (1350 AM), algo se movió en mí.
Y es que veo que la cobertura de los Juegos Bolivarianos en Sucre, durante 15 días en la capital de Bolivia, puede permitirme dar el último salto que necesito y que veo que soy capaz de hacer, antes del premio final que serán las elecciones de diciembre. Y no lo quiero desaprovechar.
Aunque tampoco me voy a matar, que estos juegos no interesan ni a Hugo Chávez.

La fuerza - Facto, Delafé y las flores azules

29.10.09

Desierto

(Día 293)
Uyuni.- Estar en medio de la nada es una sensación única. El silencio sólo se rompe al paso de un todoterreno lleno de turistas, o con un camión con mineros que van a sacar litio de debajo de la sal de Uyuni.
El blanco lo domina todo. El horizonte ni se divisa, y solo una débil franja celeste marca el límite entre el cielo y la tierra. A partir de allí, el azul es increíble, vivo como nunca visto.
El suelo está sorprendentemente firme, y casi nada rugoso. No parece sal, la verdad. Sólo su color blanco y su gusto salado confirman el cloruro sódico que está bajo los pies.
Escribir sobre el Salar de Uyuni me parece una aberración. No hay palabras que lo puedan describir. Es una cosa que hay que ver. Realmente un desierto de sal, ahora lleno de litio que tiene que convertir a Bolivia en una potencia industrial mundial, en la nueva era de lo que tiene que ser Sudamérica.

Dolça és la sal - Lax'n'Busto

28.10.09

Bus

(Día 292)
Colchani.- No sé ni qué hora es, ni dónde estoy, ni cuánto falta.
Una hora más tarde de la prevista, subí al bus que me tiene que llevar, por primera vez, al Salar de Uyuni. Realmente no sé a lo que voy, pero cuando salió la opción de ir, y gratis, ni lo pensé.
Y ahora estoy perdido en la nada. Hace tiempo que hemos dejado las carreteras asfaltadas para recorrer caminos de arena y piedras, que imposibilitan dormir en un asiento demasiado incómodo. Y fuera hace demasiado frío como para salir. Así que nada, a esperar, y que el chófer no se pierda de nuevo. Y que los borrachos del final del bus terminen por dormirse. Y que pasen rápido las 15 horas de trayecto.

De viaje - Los Planetas

27.10.09

Terremoto

(Día 291)
La Paz.- Tengo el Facebook repleto de estados de ánimo únicos, de comentarios jocosos, de grupos sobre un municipio de monobloc.
Se ve que hoy empezó la Copa del rey de fútbol, competición que nunca seguí por pensar que sólo molesta en medio de dos jornadas de liga. Y que el Madrid perdió 4-0 en casa del Alcorcón, de Segunda B.
La verdad, es que miro hacia atrás y veo que cada vez escribo más de deporte y, sobretodo, de fútbol. Y lo que falta, porque a mediados de noviembre estaré exiliado en Sucre 15 días para cubrir los Juegos Bolivarianos. Pero este no tiene el sentido de seguir alimentando este hecho; sólo demostrar lo rápido que van las cosas y lo extremadamente volátil que es la memoria.
Lo primero, al menos, es lo que estoy viviendo en estos últimos días de búsqueda de La Paz. Un verdadero terremoto de sensaciones. Aunque quizá, hoy el terremoto es de Alcorcón.

Hung up - The enemy

26.10.09

Licenciado

(Día 290)
La Paz.- Cada 25 de mes, el Licenciado aparece en la puerta de mi casa.
Es un hombre viejo, nunca le pregunté la edad, pero me parece que aparenta menos de los que tiene que tener. El poco pelo que le queda en la cabeza, ya canoso, se lo peina para aparentar lo que en su momento pudo ser una melena de envidia.
Siempre con su maletín, entra en casa y saca muchos, muchos papeles. Todos ordenados, aunque su pequeña libreta que usa de agenda es un caos considerable de números y direcciones que sabe que exsten pero que nunca encuentra.
Se sienta en un extremo de la mesa, firma un par de papeles y firmo yo el correspondiente. Y así, cada 25 de mes, pago el alquiler al hombrecito que, antes de salir la puerta, me estrecha la mano y me dice que me cuide, y que hasta el próximo mes.

El viejo de arriba - Bersuit Vergarabat