29.4.09

Guerrilla

(Día 111)
La Paz.- (Volver a) Ir al cine, a parte del gozo personal e intransferible del filme, tiene una ventaja. Como ya sucedió con el primer documental que viste en la Cinemateca, hace ya 95 días, y cada vez que ves un documental, por su naturaleza propia, te entra una sensación de reflexión profunda que, ahora que no tienes nadie con quien compartirlo y que te evada de los que han compartido cerca de dos horas de butaca, silencio, oscuridad, crepitar de pantalla y sonido inconfundible de maquinaria cinematográfica, tienes que reprimirte, pero, a su vez, esta soledad que llevas experimentando en los últimos días te permite poner tu cara de despite, ya tan habitual, y pararte a escuchar los comentarios del resto de cinéfilos, hasta que se dan cuenta de tus intenciones y te lanzan una mirada furtiva y amenazante, si no es que bajan el tono de voz y abortar la misión.
Pero vuelves a ir solo, y cuando sales no tienes ganas de poner tu cara de póker y te invade una cierta sensación de impotencia. Llevas días sintiéndote así, y los planes de un futuro próximo no mejoran la sensación. Puede, quizá, que se maximice.
Miguel N es un documental italo-suizo sobre un jesuita tirolés que, viendo a su alrededor, decide entrar en una guerrilla para ayudar a aquellos que más lo necesitan. Es un resumen demasiado simplificado, pero al ser nuevo en el país todavía no consigues asimilar toda la magnitud e intención de su paso.
Te desconciertan ciertas cosas de lo que vives. Y ver el documental no sé si ayuda. Tienes que reconocer que, durante tramos, has tenido que aguantar las lágrimas y necesitabas un abrazo fraternal, aunque en ningún momento tiene los rasgos sentimentales de los que se caracterizan muchas de las películas comerciales que se exhiben en las pantallas. Cuando sales no sabes si es porque realmente el director buscaba eso o que no has parado de pensar.
En parte, eres como el protagonista. Un exiliado que se aleja de la familia, de todo lo que conoció en ese momento, y que Bolivia lo atrapó de tal forma que tuvo que cambiar su forma de ver la vida y sus acciones. Pero sabes que en el fondo, ese tipo desconocido -ya no sabes si hablas de ti mismo o del guerrillero- sigue siendo el mismo, sólo que en un ambiente desconocido. Pero sigue siendo el mismo, pensando lo mismo, teniendo los mismos objetivos -difusos-, sintiendo lo mismo.
La revolución se hace desde dentro, dicen, entre aquellos que viven y sienten en un mismo entorno. Y triunfa cuando la mayoría se decide a seguir el mismo camino. En caso de no ser así, la frustración puede ser máxima, y no dejar contento a nadie. Al contrario, causar daño y desolación. Por eso, como moraleja de la tarde cinematográfica, extraes que tienes que seguir soñando. Y, si te llega la muerte en una emboscada policial, será que es tu destino. Pero mueres con la consciencia de que hiciste lo que pudiste por cambiar un mundo que no te gustaba en absoluto y en el que siempre te has sentido extraño, por mucha suerte que hayas tenido o muy joven que seas.

Seguirem somiant Sopa de Cabra

28.4.09

Decisión

(Día 110)
La Paz.- El pasado pasado es, y hay que seguir adelante. Tomar decisiones, saber qué teclas tocar para que la sinfonía no chirríe, pese a ser principiante en la vida y no tener mucho donde elegir. Pasar o no pasar, ser o no ser, ir o no ir.
Actuar, pese a que después el arrepentimiento pueda ganar la partida, se ha vuelto indispensable. Tienes ejemplos a tu alrededor, donde narcisismo, egoísmo y algo de revancha se unieron para actuar. Claro que no esperas que sean tus armas en la aventura, esperas ser un poco más humilde. Pero con lo que hay que quedarse es con la idea. Actuar, con decisión. Pase lo que pase.
Aunque sabes que, actuando, y más conociendo tu cobardía, se va a convertir en un hito en tu vida, un momento clave que vas a recordar durante toda la vida; sea para bien o para mal.
Y lo piensas, lo meditas, lo engulles. Actúa, actúa, actúa. Lo repasas a cada segundo, entre nota y nota, aprovechando que el Evo lleva tiempo en silencio y, si habla, estás absorto en tu meta. Actúa, actúa, actúa. Pase lo que pase. Rompe la monotonía de la que tanto te quejas, vuélvete loco. Muéstrate demente, siéntete demente. Y no esperes nada. Sólo hazlo. Cualquier cosa que pase, tenía que pasar. Ahora o más tarde, y mejor sentirlo en primera persona que no lejos, como si no fuera contigo.

Así que decides agarrar el teléfono, y empezar a hacer contactos para aquél tema que, pese no te hace mucha gracia, sabes que va ser gracioso. Y te va a abrir las puertas para próximos temas, ya propios, y que, pese a no ser graciosos, tu les ves la gracia.

Extraño Los Rodríguez

25.4.09

Revés

(Día 107)
La Paz.- Desde el primer día que llegué, y coincidió con que salí de la oficina a mediodía, cuando el sol pega más fuerte sobre La Paz, hubo algo que me sorprendió.
El centro de mi vida en Bolivia es la plaza Abaroa, núcleo del barrio de Sopocachi y de los únicos espacios abiertos de este lugar de la ciudad. Dedicada al héroe que perdió el mar boliviano -está visto que mi vida se basa en pueblos que aclaman a personajes perdedores-, la fuente central, casi siempre sin agua, la rodea una pequeña plaza con marcas en el suelo, prestas para recibir a excombatientes y militares en el día del Mar. Los bancos se llenan al mediodía de parejas que toman helados, de niños que juegan tras el colegio, de universitarios que se tiran en la hierba, de ejecutivos que se hacen limpiar los zapatos por los lustrabotas, de hippies que hacen malabares para ganar algunos pesos.
Pero lo realmente sorprendente es como se sientan en los bancos de madera y hierros. Del revés. Me explico.
En vez de usar el banco como debería hacerse, o como parecería normal, con la espalda apoyada en el respaldo, paseando por la plaza se ve una consecución de dorsos humanos en fila.
Pregunté, extrañado, a alguien que me acompañaba hace tiempo. Y la respuesta fue clara: usan el respaldo como apoya brazos. Así se consiguen dos cosas: la primera, tener un sitio donde dejar caer los brazos, extremidades tan incomprendidas e inútiles a la hora de sentarse; la segunda, evitar el contacto directo con el sol, ya que así la dirección del cuerpo enfoca directamente a los sitios donde hay árboles y, por tanto, sombra.
Tras reflexionarlo, parece de lo más lógico. Pero todavía me cuesta ver las cosas del revés, del otro lado. Sigo todavía con mi dirección frontal, sin ver que, detrás de todo, quizá haya algo mejor. Un cambio a tiempo puede ser beneficioso, aunque me cueste aceptarlo y dude que nunca lo pudiera aceptar. Pero, si es para mejor, se tendrá que aceptar. Siempre que sea para mejor. En caso que no sea así, prefiero que mis brazos sigan colgando descompensados, que mi espalda se apoyo en el respaldo de madera verde y fea y que el sol me deslumbre y me obligue a ponerme gafas de sol y un gorro.


Rey SolVetusta Morla

24.4.09

Oxígeno

(Día 106)
La Paz.- Llevo tiempo diciendo que La Paz es una cárcel. Tiene algo que atrapa, que impide que salgas. Y, pese a que tenía previsto huir un tiempo de aquí para oxigenar mis pulmones en esta ciudad tan falta de oxígeno, al final no pude. Estoy atrapado en la ciudad, no puedo salir.
Pero tendré que ser fuerte, enfrentarme a estas cadenas imaginarias que me obligan a quedarme casi por obligación, y salir de aquí para ver que, más allá de La Paz y la vida que llevo aquí, el mundo sigue girando.
Y parece que me queje de vicio. Realmente, es así. A pesar de estar a nosecuántos metros de altura sobre el nivel del mar, y que los primeros días me cansara en exceso por la falta de oxígeno, Bolivia me está dando más de lo que creo. O eso espero, realmente. Supongo que todavía no soy consciente porque, verlo desde dentro, es muy complicado. Y porque todavía estoy dentro.
Las cosas se ven mejor desde fuera y, sobretodo, cuando no las tienes. Y, si hace falta, respiras hondo y conociendo lo que ya has vivido, puedes coger más carrerrilla para afrontar lo que venga por delante.


This place is a prison
The Postal Service

23.4.09

SantJordi

(Día 105)
La Paz.- El primer Sant Jordi fuera de Barcelona, de Catalunya, se siente raro. No ves por la calle ni stands de libros, ni parejas sujetando rosas rojas que, a altas horas de la tarde, yacen mustias sobre la falda de un joven sentado en un banco, cansado de dar vueltas por el centro de la ciudad y que ha decido sentarse en el primer banco libre que han encontrado al final de todo de Las Ramblas para dar un beso a su amada y descansar unas piernas que nunca pudieron con el paso lento, obligado, de los paseantes que se paran a buscar entre los libros aquél texto que les va a cambiar la vida.

(Goofy. Un 11. Las cinco efes de Pfaffenhoffen. Y un dragón que grita har-har-har al ver a una princesa joven -pongamos que se llama Pabla, de carne fresca, entrar en su cueva, sin saber que por detrás, justo a tiempo aunque para algunos pueda ser demasiado tarde, aparezca alguien -pongamos que se llama Genís - para salvarla de su perdición)

First Love
The Maccabees

22.4.09

Carmín

(Día 104)
La Paz.- No sé si será que me fijo demasiado en las cosas minúsculas, pero llevo dos miércoles viendo, en el cenicero que hay justo al lado del ascensor, una colilla con restos de carmín.
Es probable que en otros tiempos me diera por escribir un pequeño cuento, y imaginar como debe ser esa mujer fumadora, qué diablos hace cada martes por la noche en uno de los apartamentos de mi bloque, porqué siempre hay una única colilla aplastada en ese recipiente metálico cerca del elevador del primer piso.
Pero la musa se fue. Hace casi un par de meses que sólo me dedico a escribir teletipos y en el blog (con más pena que gloria), y todo lo que sea creatividad se va cada vez más y más lejos. No es por falta de ideas, porque en este sentido cada segundo en
La Paz da para crear miles de millones de pequeñas historias; y no sólo por lo que se ve en la calle, sino por lo vivido en primera, segunda y tercera persona, del singular y del plural. Es por falta de... por falta, vaya.

CigarettesRussian Red

18.4.09

Cent

(Dia 100)
La Paz.- Tal i com va passar al cap d'un mes, els cent primers dies buscan La Paz s'han de celebrar, i han de servir per fer balanç del tot el que s'ha viscut fins ara. I, de fet, és un cúmul de sensacions tan diversos, que ni llegint els 65 escrits anteriors ho podrien descriure de la forma més acurada possible.
No sé si ja ho he dit en entrades anteriors -no les rellegeixo per no espantar-me del pas del temps-, però La Paz m'està canviant. Em noto diferent, una altra persona. I això m'espanta, perquè no sé si és per bé o per mal. Tot i que sembli una tonteria, el primer símptoma és que em costa escriure i parlar en català. El que sempre havia defensat, els meus orígens, s'estan diluint amb el pas del temps en aquesta ciutat, en aquest país.
És una tonteria, és evident, però no és tan banal com sembla. És com si tot el que havia sentit fins ara, el que havia pensat, hagués desaparegut per deixar créixer una nova persona.
A més, la rutina comença a penetrar en la meva vida, i és una de les coses per les quals havia decidit marxar a l'exili. I, entre altres moltes coses, és un fet que em fa por. Com d'altres moltes coses que han passat durant aquest primers cent dies, i que encara necessito temps per assimilar. Tot i que no me'n penedeixo de res del que he viscut -bé, d'alguna cosa sí-. I menys quan sé que encara queden per davant els dies 101, 102, 103...i fins saber quan acaba el compte.

115 Muchachito Bombo Infierno