18.3.09

Chamán

(Día 69)
Tiwanaku.- El Águila del norte y el Cóndor del sur tienen que unirse para, cuando eso ocurra, generar la paz mundial.
Por ello, chamanes, brujos y druidas de todo el continente se encuentran en el paraje sagrado de Tiwanaku, para intercambiar experiencias y que esa unión mágica se produzca. Los cantos a la tierra, los cánticos al Sol, el sonido de las flautas, el ruido de los tambores... Todo ello para que se despierte la consciencia humana, y el encuentro sea propicio.
Los colores inundan las ruinas. La estampa es plenamente indígena: plumas y lanzas sólo dejan paso a un par de celulares que, cosas de la modernidad, se han hecho indispensables.
El Águila del norte y el Cóndor del sur tienen que unirse, y, pese a las dificultades, no separarse jamás. Sea lo que sea.

In the Lord's Arms - Ben Harper

17.3.09

Becarios

(Día 68)
La Paz.- Ya no soy el mismo de antes. Mi condición en la oficina ha cambiado.
Antes era el becario, el que durante la primera semana llevaba el desayuno al que abría, el que se emocionaba con el dólar, el que siempre hacía el vídeo.
Y ahora todo puede cambiar. Ascendí a becario jefe con la llegada de Eliana, y todo parece que puede cambiar.
De momento, me quedé sin la cotización del dólar.

Com he arribat aquí? - Mazoni

16.3.09

Cerrudo

(Día 67)
La Paz.- Adolfo Cerrudo, con su mirada pícara, sonríe a su paso por la calle. Evita que le hablen de su arresto domiciliario por agredir a periodistas, y se coloca frente a la cárcel para seguir a una manifestación contra un tipo encarcelado.
Al llegar, la prensa se le tira encima, preguntándose qué hace allí. Y él sonríe, con un posado superior. Desprende seguridad por todos sus poros, incluso cuando la policía, tras dos horas, le detiene y lo encarcela.
Lo que más te llenaría es que tu nombre se convierta en un insulto. Lo sé.

Dandy de extraradio - Sidonie

15.3.09

Misa

(Día 66)
La Paz.- La iglesia de San Miguel, en la zona sur de La Paz, parece salir de otro lugar. No, no parece Bolivia. Su modernidad, lejos de cualquier iglesia de la ciudad, da un aire diferente a una plaza rodeada de aparcacoches, mujeres vendiendo golosinas y pobres pidiendo limosna.
Misa de doce, tercer domingo de Cuaresma. Las lecturas son del Éxodo y la primera carta de San Pablo a los corintios. El sermón, sobre la rectitud en la fe.
El cura, a media ceremonia, olvida dar la paz a sus fieles. Quizá desconcentrado porque suenan 10 tonos de teléfonos, todos diferentes, combinado con tres lloros de niños, obligados a entrar a la casa del señor. Un señor que, por cierto, no tienen el gusto de conocer.
La modernidad de la iglesia no se queda sólo en la fachada: la música domina la misa. De hecho, en poco menos de una hora, suenan doce canciones, al ritmo de incontables guitarras, una batería y una voz horrenda. Y, sorprendentemente, me veo cantando una de ellas, de mi época de mozo de catequesis. Hacía como ocho años que no pisaba una iglesia por voluntad propia, sin ningún otro motivo que observar.
En el momento cumbre, la comulgación, se despiertan los instintos animales más primarios. Parejas que se pelean porque el hombre no quiere levantarse del banco para tomar un trozo de pan (que además viene así, solo, seco), niños que no entienden nada de lo que ven a su alrededor y lo demuestran mostrando su gran capacidad pulmonar, el listo que llega a la iglesia, conocedor de la rutina, exclusivamente para que le den una hostia y pueda irse, acto seguido y con gafas de sol en la cabeza, tranquilo a su casa.
Me quedo sentado en el banco, y noto las miradas acusadoras de las viejas del lugar, que me vieron durante toda la misa reirme de todo lo que me rodea. Que por que no comulgo? Tengo una crisis (de fe, se sobreentiende). Estoy confundido, y necesito tiempo reflexión antes de engañarme a mí mismo y, en segundo término, a Dios.
Antes de salir, recordar que pueden seguir la actualidad de la Iglesia en Radio María, en el 100.6 de la FM.
Pueden irse en paz.

Señor - Francisco Nixon

14.3.09

Cementerio

(Día 65)
Mecapaca.- En un sábado sin plan, lo mejor es ir a la aventura. Sin sombrero de Indiana Jones, pero casi. Estar siempre por las mismas zonas no permite que, parte del objetivo que te planteas al llegar a un nuevo lugar, se cumpla. Porque, ya que estás, sales a explorar, y a ver nuevos paisajes y personas.
Carretera hacia el sur, el paisaje va pasando sin darse cuenta. El peaje indica que abandonas la urbe, pero sigues sin pensarlo. Ya viste, antes de este punto, los lugares de alquiler de caballos, los de alquiler de 4x4 para los niños pijos que escandalizan a las viejas de La Paz con el ruido de sus motores, y el zoo, al que te prometes que algún día irás.
Y sigues el camino, a veces asfaltado, a veces de tierra. Y se suceden por tu ventanilla pastores con ovejas, mujeres con niños a cuestas, adolescentes jugando con un balón. Ves vacas, ovejas, cerdos. Lástima que no haya ninguna llama.
Y pasas por el medio de un pueblo, que te recibe con un enorme 'Bienvenido a Valencia'. Tienes que volver a leerlo. Valencia. Buscas naranjas, paellas, fallas. Pero sólo ves viejos sentados en el banco de la plaza, niños comprando refrescos en la tienda, algun auto aparcado, un minibús esperando sus viajeros.
Sigues el camino y llegas a un pueblo hermoso. Una plaza tranquila, floreada, con su quiosco en el centro. No parece Bolivia. Y decides bajar, pasear por ese pueblo. Mecapaca, se llama. Te ríes del nombre, y la carcajada llega a tu cara cuando ves que, sus habitantes, son mecapaqueños. Que nombre más hermoso.
Y subes la primera cuesta que sale de la plaza, y pasas por una casa de la que sobresalen flores naranjas y violetas. Agarras una; hace tiempo que no veías ninguna flor. Caminas y llegas al cementerio.
Es coqueto, pequeño, sin ningún alarde de grandiosidad. Miras las tumbas, en un ataque de cotilla del que no puedes (ni quieres) desprenderte. Y lees algunas de las frases más hermosas que has leído nunca.
Y te entra la sensación de que te encanta. Y piensas en todo lo que rodea ese lugar.
Y, al salir, una niñita se esconde en su casa, tras asomarse desde la puerta de su casa y decirte un tímido 'buenas tardes'.
Y te prometes que tienes que volver a Mecapaca.

Cementeries of London - Coldplay

13.3.09

Fashionweek

(Día 64)
La Paz.- La 'chola' paceña es coqueta por naturaleza. No puede salir de casa sin su mantón, su pollera ni su sombrero. Sus típicas trenzas, recogidas, intentan mostrar la belleza de la mujer boliviana, con un traje tan típico que se convierte en un atractivo turístico al pasear por las calles.
Pero las niñas ya no piensan en eso. Las modas occidentales dominan todo el mundo, y en Bolivia no podía ser menos. Raro es ver a una chica joven, que no llegue a los 30, con el vestido típico de sus madres y abuelas. De hecho, los jeans y las camisetas ajustadas son las dominantes.
Por eso, un desfile de moda 'cholita' sorprende a cualquiera. Al igual que si se estuviera en París, Nueva York o Milán, modelos pasean por la pasarela mostrando mantones coloridos, bombines de escándalo, polleras brillantes, y joyas de escándalo. Aplausos entre el público, al pasar de cada modelo. Sonrisas exageradas entre las chicas. Y los viejos del lugar, viendo a jóvenes que, en su vida, hubieran pensado ataviarse con tan cargada vestimenta. Suerte que sólo era por trabajo. La 'cholita fashion week' requiere, también, su esfuerzo para no parecer antiguo y de otro siglo. Por eso, al salir, todas visten jeans.

Els guapos són els raros - Manel

12.3.09

Dengue

(Día 63)
La Paz.- El dengue está en primera plana, casi todos los días, en las noticias. El puñetero aedes aegypti trae de cabeza a todas las autoridades sanitarias, y el pánico se apodera de la población.
Así que, al mínimo síntoma de fiebre, hay que correr a hacer la prueba para ver si, realmente, un mosquito te picó en un momento de indefensión y transmitió la enfermedad. Y claro, como estás en el tercer mundo, sólo hay un laboratorio donde se realicen las pruebas. Y así va el tema.
Suerte que, en La Paz, por la altura y otras cosas, los mosquitos evitan pasar por aquí. Y las posibilidades de contraer el dengue son casi nulas. Pero como venga alguien con un mosquito escondido en la maleta, que entró allí por accidente, y empiece a picar por la ciudad... juro buscar al tipo y darle su merecido. Una colección de aedes aegypti para que, la próxima vez, vigile que pone en su equipaje.

The fever - Bonobo