(Día 21) La Paz.- Comunicarse no es fácil. Pese a estar en la era de la comunicación y la tecnología, uno no siempre puede comunicar cuando ni como quiere.
Por eso, aunque parezca que mi experiencia se detiene, día tras día, en una fecha en concreto, sigo escribiendo. Y, cuando puedo, todo lo vivido lo proyecto en el espacio virtual para que llegue a través de cables coaxiales sea dónde sea. Con eso, decir que siempre se tiene que mirar cuántas actualizaciones ha habido. Para el que no se quiera perder detalle de nada.
(Día 19) La Paz.- La pausa y la parsimonia que dominan la vida boliviana se traduce en todos los ámbitos. Excepto en casos puntuales, donde el instinto animal se despierta y olvida todo lo que socialmente se ha aprendido, el boliviano es un tipo pasivo, imposible de hacer exaltar. La primera manifestación seria a la que voy y me sorprendo de la tranquilidad que despierta. Si bien los organizadores lo venden como una marcha, cuando más de mil tipos se unen tras una pancarta y gritan en contra del gobierno y de las autoridades, es una manifestación en toda regla. Y más cuando, en medio de todo ello, hay huelgas de hambre, mujeres llorando por sus ahorros, chicas desmayadas por insolación, chiquillos lanzando petardos. Pero no es nada de lo que se pueda imaginar nadie. El concepto de manifestación recurre más al concepto de extensión que al de concentración. Una organización perfecta se huele en el ambiente, entre gritos y restos de pólvora. Primero, los cabecillas, los más gritones: siempre hombres, portadores de la bandera boliviana y de la pancarta reivindicativa; separadas, a diez pasos justos, cuatro filas de mujeres, a una distancia de cuatro o cinco pasos entre ellas, ocupando más espacio del necesario o del que sería común en cualquier manifestación; ya, más atrás, el resto, un poco más desorganizado, pero conservando, en cierta medida, la cuatro filas marcadas por las mujeres, si bien la distancia entre ellos no llega a ser tan milimétrica como la de las féminas. Esta ordenación resume lo siguiente: lo más importante es que se note que el tema no es baladí, que tiene una organización clara, y, por consiguiente, unas reivindicaciones justas, meditadas y pensadas; además, no hay necesidad de pegarse unos a otros, seis por cada metro cuadrado, para demostrar la unidad frente a un problema, lo importante es tener clara la reivindicación. Y cuanto más espacio se ocupe, más sensación de cantidad de gente, de marcha interminable, para desespero de automovilistas y peatones.
La vida del boliviano. Parsimonia, pausa, tranquilidad. Todo llegará. Si llega.
(¿Qué queremos? Solución. ¿Cuando la queremos? Ahora. ¿Cuándo es cuándo? Ahora es cuando. ¿Cuándo es cuándo, carajo? Ahora es cuando, carajo)
(Día 18) La Paz.- Las primeras impresiones que saco, tras 18 días en el país, es que el Evo es un personaje propio, sin igual. Tras tres años de gobierno, después de ser sindicalista cocalero y entrar en política casi de rebote, ha conseguido, no sólo mantenerse en el poder de forma casi perfecta, sino establecer unos índices de popularidad que, lejos de descender como le pasaría a todo dirigente, han aumentado o mantenido. El Evo, más que el presidente, es el alcalde de Bolivia, tal y como dice Abraham. Y sabe como mantenerse en el poder, después de que el pueblo boliviano haya sufrido, antes que él, presidentes educados en universidades gringas, mafiosos y corruptos que, lejos de usar los múltiples recursos del país para hacer crecer la economía, los han utilizado para hacer crecer su propia economía. Y el Evo es otra cosa. El Evo es uno más. A riesgo de quedar lejos de los términos y problemas políticos de primera línea, opta por la pedagogía para explicar al pueblo como funciona el país. ¿Qué es el superávit? Imagínese, señor campesino, que usted gana 800 bolivianos, pero, por a o por b, sólo gasta 600 pesos. ¿Qué hacemos con los 200 que sobran? Eso es el superávit. Y, el gobierno de Bolivia, ha conseguido eso: que le sobren pesos bolivianos para poder gastarlos en construir una escuela, un polideportivo. Lo que sea que necesite el pueblo más remoto del país. Y así con todas las palabrejas político-económicas que, ni el propio Evo, al llegar al poder, entendería como entiende hoy. Y que, con pedagogía, ha sabido transmitir a todo el pueblo boliviano. ¿Quién puede decir que no a el Evo? Sólo las clases altas ven en él un peligro para su estrato, dónde los que hasta ahora eran unos analfabetos, unos pobres dejados de la mano de dios, una mano de obra barata, unos despreciados por la high society, unos aborígenes que se quedaron en la etapa precolombina, aparecen en primera línea, son los realmente importantes, los interlocutores directos del poder. El centro mundial. Hace tres años que, con el Evo, los indígenas han dejado de ser eso, indígenas, para convertirse en bolivianos. Pero ahora hay otro riesgo: tampoco hay que dejar a los que hasta ahora eran los únicos protagonistas en la estacada, abandonados y sin ningún tipo de incentivo. Y ahora que los nuevos bolivianos tienen la fuerza, la calle, el poder, los bolivianos de bien sufren. Normal. O cambian mucho las cosas, o el cambio está dando sus frutos. Y, en ese cambio, el Evo ya ha dejado de ser el sindicalista cocalero para convertirse en la nueva deidad de Bolivia. El Evo, el salvador, el del cambio, el presidente, el del pueblo. El Evo primero.
(Día 17) El Alto/La Paz.- Claudia Janette (7) es una niña de El Alto, ciudad considerada una de las zonas más pobres de Bolivia. Junto a su hermano Darwin (8) van a su escuela, con su padre y abuelita, a hacer uso del derecho democrático del voto. Hoy, por una nueva Constitución. Pero Claudia, mejor que cualquier otro boliviano, sabe lo que se va a votar: Evo sí, Evo no. Y, toditos en El Alto, van a votar por Evo. La Constitución no sabe ni qué es, ni que existe, ni nada. La nueva Constitución Política del Estado (CPE) boliviano es una excusa. Todo el mundo sabe que, lejos de aprobar un texto, o lo que sea, es una encuesta del estado del gobierno de Morales. Tras el revocatorio de agosto, es una piedra de toque importante para conocer si, como dicen unos, el gobierno se debilita o, si por el contrario, las últimas actuaciones del presidente, que se desarrollan a un ritmo vertiginoso y sin pausa, movilizan a aquellos que creen en el cambio que proclaman. ¿Cuántos habrán leído, realmente, la CPE, y votar en consecuencia? Recuerdo la votación del Estatut de Catalunya, una de las primeras veces en las que podía ejercer mi voto, y que ni leí el preámbulo, ni llegué al primer artículo, ni al 'Catalunya és una nació', ni a la famosa Disposició Adicional Tercera, que tantos dolores de cabeza está causando a periodistas políticas y tanto está cansando a los televidentes y lectores de prensa, viendo como la financiación ocupa tres de cada dos minutos o páginas de la prensa. Y recuerdo que voté por propaganda, por campanya. Por seguir las directrices de aquellos que, espero, supieran de que hablaran. ¿Cómo no va a pasar lo mismo aquí? La campaña de Evo, en los planes abortistas y en favor de la homosexualidad del nuevo texto. Tiene que ser una chiquilla de siete años quién lo tiene más claro de todos. O Evo u otro. Y no hay más. Ya veremos, pero toditos en El Alto están con Evo, porque es el papito, el hermano, el presidente que nos sacó de la pobreza y con el que podemos ir al colegio.
(Día 16) La Paz.- No recuerdo haber ido nunca solo al cine, De hecho, creo que ayer fue la primera vez. Es lo que tiene estar en un país desconocido, sin nadie realmente cercano con quien compartir momentos como ir al cine a ver un documental suizo, en versión original (todas las películas, en Bolivia, se proyectan en versión original), y sobre un fotógrafo de guerra (War photographer), dentro de un ciclo de lo mejor de 2008, aunque el documental sea de 2002. Pago en la boletería el precio acordado. 10 bolivianos para un buen filme. Reflexivo. Potente. Diferente. Necesario. Impactante. No podría decir en qué orden.
La Paz es una ciudad sin demasiados recursos culturales. Sin teatros de calidad, sin buenos museos. Sólo algun local de jazz, para los que se consideran más europeos y cosmopolitas. Pequeño, de aforo muy limitado, y de tiempo más limitado todavía. Es, así de simple, una ciudad aburrida. Llena de bares, boliches, discotecas, cafeterías, puestos ambulantes. Pero aburrida.
(Día 15) La Paz.- 18.11: Entrada triunfal en la cocina (aplausos). Primer paso: agarrar el paquete de macarrones, la salsa de tomate, la lata de atún. Un litro de agua, olla. 18.12: Agua a la olla. Encendido de fuego. Poco de sal. Esperar ebullición. 18.12.30: Medio saco de sal al agua. Repetir desde el punto anterior. 18.16: Con salero va mucho mejor. Probar con agua caliente, para ir más rápido. 18.19: Sacar Coca-Cola de la nevera, para hacer espera más placentera. 18.20: Servirse vaso de Coca-Cola, para hacer la espera más placentera. 18.22: Después de no poder abrirlo de manera manual, tijeras y paquete de macarrones abierto. Medio paquete por el suelo, por mal cálculo de la trayectoria. Poner en la olla los macarrones deseados. 18.25: Tras descubrir la escoba, recoger los macarrones caídos por ley de gravedad, cuál manzana de Newton. El resto, cociéndose. 18.27: Primera comprobación: duros. 18.28: Ais, la salsa! Paella, tomate, calentar, correr. 18.30: Mejor cambiarlo todo de posición, por si salta. Fuera camiseta, que no se manche. Nuevo vaso de Coca-Cola. 18.31: Segunda comprobación: duros. Entra en acción el atún. Lata grande, ande o no ande. 18.32: Búsqueda de plato para servir. 18.33: Experimentar con orégano. Tercera comprobación: pse, pasable. 18.35: Abocar salsa en los macarrones, previamente en el plato. Limpiar un poco la cocina, que no se note que se ha estado allí. 18.41: Después de comprobar que el tomate es difícil de sacar de platos, paellas y ollas, pero con todo limpio, agarrar una silla, acomodarse, respirar profundamente y comer. En caso de ser necesario, soplar para enfriar el macarrón antes de ingerir. 18.52: Recoger, limpiar, secar. 18.53: Celebrar la primera entrada (real) en la cocina al gusto.
Nota: información nutricional desconocida. Sabor final no descrito a consciencia.
(Día 14) La Paz.- La plaza Murillo es el centro de la ciudad, y, seguramente, del país. Sede del Palacio de Gobierno, del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cultos: es el centro de poder, eso seguro. El Evo se pasea por la plaza como rey y señor de todos los reinos. Anuncian que está a punto de llegar y la masa le aclama. Llega, y la masa, enloquecida, le aclama. Saluda, tímidamente, y la masa, descontrolada, le aclama. Se sienta, y la masa, banderas en mano y a grito pelado, le aclama. Cuando se juega en casa, ya se sabe. Todo es más fácil. ¿Cuántos miles de personas? Da igual, la victoria es segura. “El 100% para aplastar a los vendepatrias”. Claro, jugar en casa también tiene eso: la euforia se desata. Y más gritos, más banderas, más whipalas, aclamación máxima. Y vivas. Visca. Podemos. Som-hi. Jallalla.
El folclore boliviano es tan variado como las 36 etnias reconocidas en la nueva Constitución Política del Estado (CPE) boliviana. Pasan por el escenario paceños, benianos, tarijeños. Afrobolivianos, aimaras, quechuas. Cada uno con su traje tradicional; cada uno con sus sonidos característicos; cada uno con sus instrumentos ancestrales, algunos más modernizados que otros. A cada sonido, a cada nota, a cada paso, la masa tiene más claro que lo único que hay que gritar, esta noche, son tres letras: Evo.
Y, con el fin de la música, la espera. Auto de buen gobierno: nada de alcohol, nada de armas. Nada de concentraciones y, el domingo, nada de movilidades por la calle, a no ser que sean autorizadas por la autoridad competente. Domingo. Horizonte a conquistar: el cambio. Y, así, poder gritar, de nuevo, las tres letras mágicas que, en los últimos tres años, han lanzado al país a primera escena mundial, como ejemplo de cambio. Evo.
Sí. Jallalla.
A hard mortadelo's a-gonna filemon fall – Pascal Comelade
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